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Nuestro Enfoque

Hace algo más de diez años, llegamos a Sotogrande para pasar unas más que necesitadas y merecidas vacaciones. Después de un largo periodo de duro trabajo, necesitábamos relajarnos y disfrutar. Y, nada más llegar, nos encontramos con un pequeño problema: ¡habíamos olvidado las llaves de casa! Afortunadamente, un amigo había estado cuidándonos la casa y pudo ayudarnos. De lo contrario, nos habríamos encontrado sin casa donde alojarnos en mitad de la noche.
Al día siguiente, los niños querían bañarse en la piscina, pero el agua se había puesto de un color verdusco oscuro y además había un ratón muerto flotando en ella. Nos llevó otros tres días resolver el problema.
 
Durante la misma visita, organizamos una excursión en nuestro barco para avistar delfines. Cuando llegamos al puerto, el barco estaba inundado de agua hasta la mitad. Había habido una tormenta hacía varios días y no teníamos a nadie que nos cuidara el barco.
 
En otra ocasión, el jardinero nos telefoneó a Bélgica para decirnos que había visto agua corriendo bajo la puerta principal. Desesperados, llamamos a un amigo, que por casualidad estaba en Sotogrande de vacaciones en ese momento, para que nos ayudara. Afortunadamente pudo hacerlo, antes de que los daños se nos fuesen de las manos.
En otra visita posterior, habíamos organizado una barbacoa con vecinos y descubrimos que la cocina estaba llena de hormigas. No había nadie que supervisara la casa y se diera cuenta de esto.
Otra vez, nos cortaron la luz. Aparentemente, no había fondos suficientes en una cuenta y el banco, olvidando que teníamos otra cuenta con suficiente saldo, devolvió el recibo de la luz. Entretanto, la comida que había en la nevera se había echado a perder, había insectos por todas partes, la alarma estaba apagada, la piscina estaba hecha un desastre y el jardín se estaba secando porque el sistema de riego automático no había estado funcionando. Nos llevó casi una semana conseguir que todo estuviese en orden de nuevo.
 
Otra vez, llegamos y la casa estaba inundada. Un pájaro había caído por la chimenea y se había herido tratando de salir. Estaba todo hecho un desastre y, como no había habido nadie en nuestra ausencia, se quedó en ese estado durante mucho tiempo.
 
Pero incluso las cosas más sencillas, como organizar la importación de un coche, instalar la sillita portabebés o llenar la nevera antes de nuestra llegada en un día festivo, pueden resultar muy complicadas cuando no se dispone de una estructura de apoyo que te respalde. Intentamos hacerlo todo nosotros mismos con alguna ayuda de amigos, pero nuestras experiencias desafortunadas y costosas, nos enseñaron que no era lo más indicado. Por eso, cuando nos mudamos a Sotogrande de forma permanente, decidimos establecer Soto Comfort Care, para asegurar que otras personas no malgastasen gran parte de su preciado tiempo aquí en arreglar este tipo de problemas.
 
Anne van Uffelen, Socia fundadora de SCC
 

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